Biografía
(Humacao, 1944 —Río Grande, 2003), cuyo nombre de pluma era Ánjelamaría Dávila, nació en Humacao, Puerto Rico, el 21 de febrero de 1944. Fue poeta y declamadora. Perteneció a la Generación del 60, también conocida como Generación Guajana, nombre debido al del colectivo literario y la revista a los cuales perteneció. Este fue uno de los períodos literarios más trascendentales de nuestra literatura en el siglo XX. Entre sus integrantes, figuran Marina Arzola, Antonio Cabán Vale “El Topo”, Andrés Castro Ríos, Edgardo López Ferrer, Edwin Reyes Berríos, Marcos Rodríguez Fresse, Vicente Rodríguez Nietzsche, Juan Sáez Burgos, Wenceslao Serra Deliz y José Manuel Torres Santiago.
Los tres poemarios que marcan la carrera literaria de Dávila son Homenaje al ombligo (1966), publicado junto a José María Lima, quien fuese su esposo entonces; Animal fiero y tierno (1977) y La querencia (2006), puesto en circulación póstumamente por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Su trabajo aparece incluso en importantes colecciones como: Antología de la poesía hispanoamericana actual, de Julio Ortega (Siglo XXI Editores, 1994), Flor de lumbre / Guajana 40 aniversario (ICP, 2004) y Literatura puertorriqueña del siglo XX, de Mercedes López Baralt (Editorial UPR, 2004).
La escritora incursionó en otras artes. Además de ser poeta, dibujaba. Así lo constatan Reinaldo Marcos Padua (n.d.) al mencionar que “posee la habilidad de
hacer dibujos muy singulares”, Rafael Acevedo (2024) al indicar que “sus hijos, Aurelio y Amanda, trabajan en la edición de una colección de poemas y dibujos de la escritora” y lo recalca la Fundación Nacional para la Cultura Popular [FNCP] (n.d.) al sostener que “era una excelente dibujante”. En torno a su participación en coreografía teatral, Arcadio Díaz Quiñones (2007) recuerda que, en 1979, Dávila se unió al Teatro de Histriones en el coreograma Atibón, Ogú, Erzuli para “poner en primer plano un ejemplo de la relación entre danza y poesía” (10). Finalmente, la FNCP la identifica como “poetisa, declamadora y cantante” y Acevedo (2024) afirma que ella “cantaba con buena voz sus propias composiciones”.
En todas las fases de su ejecutoria artística, Dávila declara, denuncia y problematiza su condición de mujer afrocaribeña puertorriqueña; o sea, reflexiona en cómo el sexo, la negritud y la nación están íntimamente enraizados en su cuerpo material y en el lenguaje, el cuerpo de su poesía. En años recientes, más allá de su muerte, grandes escritoras puertorriqueñas han entablado un diálogo literario con ella, reclamándola como modelo inequívoco de la más refinada poesía nacional; entre ellas: Yolanda Arroyo Pizarro, Mayda Colón, Mairym Cruz Bernal, Mayra Santos Febres, Karen Sevilla, Etnaíris Ribera y Amarilis Tavárez Vales.
Ánjelamaría Dávila falleció en el Centro de Cuidado Hogar Guadalupe, ubicado en el pueblo de Río Grande, Puerto Rico, el 8 de julio de 2003.
también entre los cacharros de la cocina
se encuentra el amor
- tere dávila
do not let
artificial lamps
make strange shadows
out of you
- pedro pietri
(a la alondra y a la calandria, trovadoras boricuas;
a todas las mujeres que han hecho esta poesía anónimamente).
¡Qué triste es una paloma
cantando al oscurecer!
más triste es una mujer
andando de noche sola.
- De una décima jíbara -
cuando niña, cuando oía
hablar de cosas oscuras
no preguntaba mis dudas
temiendo a lo que decían.
entonces yo no tenía
más, quel cuerpo que se asoma
la chispa azul que desova
la vida con su sospecha:
el aire dijo -tristeza,
¡qué triste es una paloma!
me detuve concentrando
para buscarle sentido
revolviéndome en mi nido,
atenta y adivinando.
de golpe, quién sabe cuándo
algo supe y me asusté.
no sé lo que malicié
mirando a ver si veía;
mientras, buscaba alegría
cantando al oscurecer.
seguí creciendo y entonces
razonaba muchas cosas
que entre una y entre otra
tropezaba con los hombres.
querían ponerme un molde
que no quise ni acepté,
porque si triste es nacer
marcada por la dolencia;
si pasa sin resistencia,
más triste es una mujer.
soy mujer, vivo el amor,
amo con intensidá
de frente con la verdá
que nos impone el dolor.
redonda sa abre la flor
que nos ata y enamora
pero, si es que me aprisiona
exijiéndome morir;
mejor prefiero seguir
andando, de noche sola.
¡Qué triste es una paloma
cantando al oscurecer!
más triste es una mujer
andando de noche sola.
- De una décima jíbara -
qué triste es una paloma
mientras vuela como a eso
de las cinco en punto. el beso
de la tarde se abandona.
vuela el ave y se acomoda
desde el aire hasta su nido,
de vuelta vuela el camino
de la tarde hasta gastarlo,
yo, anegada de mirarlo
cojiendo vuelo la sigo.
cantando al oscurecer
se desata el pensamiento;
la luz vuelta sentimiento
se recoje para ver
de qué modo puede ser
y estar, mientras llega el día.
se impone pues, la estadía
nocturna que nos seduce:
la luz vuelta luz se luce
hecha sueño en su porfía.
más triste es una mujer
deshilada por el tiempo,
devorados los intentos
de las luces sin nacer.
pero siempre habrá de ser
bordada su ánima erguida
por el hilo de la vida,
siendo aliento, sed y brasa
que a través del tiempo pasa
lumbrosa huella encendida.
andando de noche sola
la luna vijila. el beso
de la sombra queda preso
por el aura que lo doma
en silencio. ya se asoma
el susurro salpicando
la oscuridá; y entrecuando
al cielo vuelo la cara,
miro el espejo que aclara
la sombra que voy pisando.
Las glosas son notas que escribimos al margen de un texto para parafrasearlo, explicarlo o reflexionar acerca de él. Pero ¿qué ocurre cuando quien escribe es “la paloma”, cuando sus alas son el lápiz y el aire, su página? Eso es lo que encontramos en las “glosas de la paloma (1)”, de la poeta humacaeña Ánjelamaría Dávila, poema en el cual la autora reúne a una bandada de mujeres con quienes alza vuelo en una sola voz comunitaria.
Las primeras glosas están dedicadas a dos trovadoras samaritanas (de San Lorenzo), Priscilla Flores, La Alondra, y Ernestina Reyes, La Calandria. Al fijarnos en que quien las escribe no es “una” paloma (cualquiera), sino “la” paloma (específica), inferimos que “La Paloma” se refiere a la voz poética. Ella es quien compone las glosas, que –para cerrar ciclo– son suyas (hechas por ella y tratan acerca de ella). Mas estas tres mujeres-aves (Alondra, Calandria y Paloma) no andan solas, como indica el fragmento de décima citado. Muchas más “han hecho esta poesía anónimamente”, por lo cual su voz se solidariza con aquellas que labraron un camino propio. Al leer la primera línea del epígrafe –“¡Qué triste es una paloma”–, descubrimos que la voz lírica representa a la “paloma cantando al oscurecer” y que alguien desconocido siente tristeza al oírla.
Luego, la poeta separa esos cuatro versos:
¡Qué triste es una paloma
cantando al oscurecer!
Mas triste es una mujer
andando de noche sola.
para convertirlos individualmente en el pie forzado de cada una de sus estrofas. Sin embargo, en “glosas de la paloma (2)”, vemos lo opuesto: los mismos versos comienzan cada una de las décimas. De esta manera, Dávila no sólo escribe dos poemas que funcionan como uno, sino que elabora una relación entre final y principio, en la cual –según el contexto– el fin de un elemento se convierte en el inicio de otro, así como acontece con las etapas de la vida.
En “glosas de la paloma (1)”, la hablante poética recuerda los cuentos que escuchaba cuando niña. Oía “cosas” que no entendía, pero mantenía silencio por temor. Su cuerpo-niña empezaba a vivir y una tristeza en el aire la definía. En la segunda estrofa, su mente inquisitiva se formulaba preguntas o adivinaba respuestas desde el espacio seguro del hogar. Mientras descubría, enfrentaba el miedo a saber. El conocimiento llegó más adelante como una canción: invadió y alumbró la oscuridad de su ignorancia. Con el tiempo, sufrió por hombres que deseaban amoldarla a sus expectativas, mas ella comprendió que haber nacido mujer la había puesto en desventaja, y eso detonó su resistencia.
Entonces, se percató de que la mujer triste no es aquella que anda sola de noche, sino la que sigue ciegamente los mandatos de los hombres sin resistir. Como consecuencia, la voz lírica se afirma como mujer que experimenta el amor intensamente y que hace frente al dolor para acceder a la verdad. La experiencia, la verdad, el amor o el dolor son una flor abierta que amarra y seduce, pero ella aclara que, si estas limitan o amenazan la libertad y la vida, mejor será caminar sola a través de esa noche, que, al fin y al cabo, metaforiza la ruta del propio descubrimiento.
En las “glosas de la paloma (2)”, quien habla ya no es la paloma, sino alguien que la observa y parafrasea los versos en el epígrafe. La paloma cantando al oscurecer “vuela como a eso de las cinco en punto”; canta[r] al oscurecer “desata (libera)”; más triste es una mujer que ha perdido el tiempo en luchas infructuosas (que no conducen a ninguna parte) y, mientras and[e] de noche sola, estará acompañada, protegida, por la luna que –en silencio– domina las sombras.
En la primera décima, Dávila comenta acciones opuestas: la paloma que retorna al nido por la tarde, precisamente, le provoca salir del hogar para seguirla. Acto seguido, canta al oscurecer para liberar la mente, recoger el sentimiento y esclarecer una visión –casi filosófica– de sí misma: preguntarse de noche quién es y dónde o porqué está. La noche la invita a pensar en sí misma y en su papel en el mundo. La luz lunar y la de su conocimiento se (con)funden para hacerla soñar. Esto le revela que la mujer es triste cuando envejece alimentando sueños que jamás alcanzará. Sin embargo, insiste en que el mero hecho o el ansia de vivir debe dar forma a su alma.
Al hacerse una con la vida, ella se vuelve suspiro, deseo y fuego: su huella encendida evidencia su paso firme por el mundo. Finalmente, la solidaridad entre mujeres vista en “glosas de la paloma (1)” ahora existe entre la hablante lírica y la luna, quien la vigila, aprisiona la sombra y la pone a los pies de la voz poética. Un susurro salpica la oscuridad, pero ella mira hacia el cielo para que la luna –espejo de luz– le aclare el rumbo y le permita pararse sobre –dominar– lo que, una vez, la atemorizaba. Por todo lo anterior, Ánjelamaría Dávila se impone en nuestro firmamento literario como una autora de alto vuelo.
Música: Guarionex Morales Matos (n. 1968)
Poema: Ánjelamaría Dávila Malavé (1944-2003)
Lucero del Mar Hernández, soprano
Víctor E. Carrión Morales, clarinetista
Harry Aponte, pianista
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Harry Aponte
Posee un bachillerato y una maestría en Ejecución de Piano de la Eastman School of Music (Rochester, Nueva York). Además de ejercer como pianista, se desempeña como profesor, productor e ingeniero de sonido. Fue nominado a los Premios Grammy en 2009, 2011, 2012, 2014 y 2015.
Se integra frecuentemente a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, a la Orquesta Filarmónica Arturo Somohano, así como a otras orquestas. Por varios años, tocó en la orquesta del salsero Víctor Manuelle e imparte cursos en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.
En carácter de solista y acompañante, ha tocado en Estados Unidos, Europa, América Central, América del Sur y Japón. En Nueva York, se ha presentado en el Carnegie Hall y en el Madison Square Garden y, en Puerto Rico, en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré y en el Coliseo José Miguel Agrelot. Asimismo, ha participado en numerosos festivales internacionales en Italia, Francia, España, Alemania, Suecia, Suiza, Colombia, El Salvador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Ecuador, Panamá, Japón, Canadá y República Dominicana, entre otros países.
Entre sus producciones más notables, figuran: Raymond Torres Santos, Satellites, Drones and Planes (2020), Negroni’s Trio Acustico (2019), New Era (2017), Piano Plus 9 (2016), Que suenen los tambores (2015), Me llamaré tuyo: Reloaded (2014), Busco un pueblo (2011), Muy personal (2009) y Yo mismo (2009) para Víctor Manuelle; Negroni Piano +9 (2015) para José Negroni; y Gilberto Santa Rosa (2012) para Gilberto Santa Rosa.
Víctor E. Carrión Morales
Posee un bachillerato en Ejecución de Clarinete del Conservatorio de Música de Puerto Rico, en donde estudió bajo la tutela de Kathleen Jones. En clases magistrales o individuales, ha estudiado con: Jonathan Gunn, Richie Hawley, Jun Quian, Pavel Vinnitsky, Chad Burrow, Ricardo Morales, Eli Eban, Fred Ormand, David Shiffrin, William Hudgins, Paquito D’ Rivera, Stephanie Zelnick y David Medina.
Entre los directores con quienes ha trabajado, se encuentran: Maximiano Valdés, Rafael Enrique Irizarry, Roselín Pabón, Guillermo Figueroa, JoAnn Falletta, Carl St. Clair, Angel Vélez, Mei-Ann Chen, François López-Ferrer, Fabio Mechetti, Andreas Delfs, Corrado Rovaris, Pablo Mielgo, Perry So, Donald Schofield, Jerry F. Junkin y Thiago Ribeiro. En los veranos, ha participado del Sewanee Summer Music Festival, en Nashville; del Round Top Festival Institute, en Austin, y del Lisbon Music Fest, en Portugal.
En 2021, obtuvo la posición de Asistente de Principal Clarinete/Utility con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico. En 2022, viajó a Illinois con la OSPR para presentar el concierto Sonidos de mi Isla en el Chicago Symphony Center. En 2024, visitó España junto a la Banda de Conciertos de Puerto Rico para representar a la isla en las Fiestas de la Magdalena, en Castellón de la Plana. A finales de mayo de este mismo año, llegó a Nueva York para grabar y estrenar el “Tríptico reverendísimo”, del compositor Guarionex Morales Matos, en el Centro de Estudios Puertorriqueños, de Hunter College.
Actualmente, Carrión Morales se desempeña como músico adicional de la OSPR, como Asistente de Principal Clarinete de la Orquesta Filarmónica de Puerto Rico, como Clarinete Bajo de la Banda de Conciertos de Puerto Rico, y es profesor de Clarinete, Saxofón y Teoría Musical en la Escuela Libre de Música Antonio Paoli, en Caguas.
Lucero del Mar Hernández
Obtuvo dos bachilleratos: uno en Psicología del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y otro en Música, Voz y Ópera de la Universidad Interamericana de San Germán, bajo la tutela del Maestro Rafael Alfonso y la pianista Nilda Betancourt. Además, completó la maestría en Voz en la prestigiosa Mannes School of Music, The New School, bajo la mentoría de Beth Roberts y Susan Caldwell, en donde se preparó para el papel principal en Suor Angelica. Tomó clases magistrales con Joan Dornemann, José Meléndez, Kamal Kahn, Yelena Kurdina, Hilda Ramos y Glenn Morton. Recibió la Beca de Estímulo y alcanzó el tercer lugar entre 41 participantes durante las audiciones del Metropolitan Opera National Council. En 2019, se le confirió el Premio Antonio Barasorda, el cual consolidó su lugar en la escena operística.
Lucero del Mar actuó en la República Checa y en Italia junto al Coro de Conciertos de la Universidad de Puerto Rico en Ponce. En 2017, deslumbró al público como Santuzza en Cavalleria Rusticana, de Mascagni, en la producción Opera para el Pueblo. Debutó con la Ópera de Mannes en Street Scene, de Kurt Weill, como Mr. Fiorentino, demostrando su versatilidad. En enero de 2025, interpretará a Violetta en La Traviata en Opera America, Nueva York, sumando otro logro internacional a su creciente lista de éxitos.
Su voz, comparada con sopranos de la época dorada, refleja técnica y profundidad emotiva, y ha trabajado con figuras como Ted Taylor, Laquita Mitchell, Ruth Falcon y Guarionex Morales Matos, esenciales en su desarrollo artístico.
Guarionex Morales Matos
Posee un bachillerato en Comunicación Pública y una maestría en Gestión y Administración Cultural, ambos grados otorgados por la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
En 2001, fundó el Orfeón San Juan Bautista, agrupación coral profesional secular en la cual funge de codirector. Como arreglista y compositor, su trabajo está integrado, primordialmente, por obras corales a capella. También ha escrito canciones de arte, música cinematográfica, música camerística para coro con acompañamiento instrumental, música sinfónico-coral, ballet, ópera y adaptaciones corales de música popular y folclórica iberoamericana a capella.
Sus obras se han representado en España, Italia, Francia, Venezuela, Colombia, México, Cuba, República Dominicana, Canadá, Estados Unidos de Norteamérica, Austria y Turquía. Otras colaboraciones internacionales incluyen comisiones o trabajos con el Vassar College Women’s Chorale (EE.UU.), Exaudi (Cuba), Seraphic Fire (EE.UU.), el Coro de la Universidad Central de Venezuela, The Elm City Girls’ Choir (EE.UU.), Soli-Tutti (Francia), Yale Alumni Chorus (EE.UU.) y Bogaziçi Caz Korosu (Turquía). En Puerto Rico, los principales coros nacionales han cantado sus arreglos y le comisionan música frecuentemente.
Entre sus publicaciones, destacan: Entre la canción de arte y el folclor: música infantil puertorriqueña (Riel, 2021), Orfeón San Juan Bautista: quince años de absoluta armonía 2001-2016 (OSJB, 2017), Música popular puertorriqueña: adaptaciones corales (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2015) y Composiciones corales originales (1994-2014) (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2015).
Katia Pacheco Báez
Su formación inició en la escuela Andanza, en Santurce, continuó en la Escuela Nacional de Danza Julián E. Blanco, y se complementó con el Taller de Ballets de San Juan. Bajo la tutela del profesor Orlando Carreras, asistió al programa de verano ProDanza en La Habana, Cuba, experiencia que enriqueció su arte y amplió su visión del ballet. Al graduarse, se unió profesionalmente a Ballets de San Juan e interpretó obras de destacados coreógrafos puertorriqueños, como Ana María Castañón, Francisco Centeno, Ana García, Fernando Ramos y Nahir Medina. Durante este período, exploró la esencia del ballet clásico mediante la creación de piezas contemporáneas.
Su versatilidad la llevó a integrarse a compañías de danza contemporánea, como Andanza y CoDa21, donde colaboró con reconocidos coreógrafos internacionales, como Sidi Larbi Cherkaoui, Telmo Gomes Moreira, Marianela Boán, Norberto G. Collazo, Aura González Orengo, Denisse Eliza y Jaime Maldonado. A través de estas experiencias, Katia expandió su repertorio: incorporó diversos estilos y técnicas que la han convertido en una artista polifacética y completa.
Katia también se ha adentrado en el mundo del teatro. Ha participado en producciones como Historia de horror casi en blanco y negro, de Joaquín Octavio, y La metamorfosis, de Franz Kafka, en su versión del English National Ballet, bajo la dirección del maestro Iván Olmo. A través de ellas, exploró la fusión entre danza y teatro, y evidenció su capacidad para contar historias a través del movimiento. En la actualidad, Pacheco Báez ha trabajado como bailarina y actriz independiente en videos musicales, cortometrajes nacionales y series internacionales. Su pasión por la danza y el arte sigue siendo el motor de su carrera; le aporta energía y creatividad a cada proyecto. Con su enfoque ecléctico y su inquebrantable compromiso con el arte, Katia deja huella en el panorama artístico puertorriqueño, y más allá.
David Rinaldy Soler
Bailarín, coreógrafo y director de danza, reconocido por su excepcional trayectoria en el ámbito del ballet y la danza contemporánea. Comenzó su formación artística en el Ballet Clásico y Contemporáneo del Municipio de Mayagüez, bajo la dirección del fundador, Héctor Serrano Flanklin. Más tarde, enriqueció su educación en el Centro de Adiestramiento y Bellas Artes de Aguadilla (C.A.B.A), así ejerciendo como “Modern Dancer” en el New Jersey Performing Arts Center. Su formación fue enriquecida por destacados maestros como: Héctor Serrano Franklin, Erick Ferrer, Brenda Negrón y Lourdes Estela Ortega, quienes le infundieron conocimientos y enseñanzas invaluables.
Formó parte del Ballet Escenario y la Escuela 21, y ha sido pilar en diversas compañías de danza. Se destacó como bailarín principal en el Western Ballet Theatre y se integró al cuerpo de baile de Wild West Mambo. Su trayectoria incluye el Balleteatro Nacional de Puerto Rico, la Compañía de Danza Siglo 21 (CoDa21), y el papel de solista principal en Ballets de San Juan y MayaWest Dance Project.
Su impresionante repertorio abarca roles protagónicos en obras emblemáticas, como El Cascanueces (como Ruso y Caballero de las Nieves), Ballet Dracula, Peter Pan y Ballet Coppélia, entre otras. Asimismo, ha trabajado en coreografías contemporáneas como Rassemblement , de Nacho Duato, y R+J Romeo y Julieta, de Gina Patterson. David ha demostrado ser versátil, creativo e innovador, lo cual lo ha llevado a participar en eventos de renombre, como en nueve ediciones del Festival Internacional de la Danza en Puerto Rico y en cuatro del Congreso Mundial de la Salsa.
Rinaldi Soler ha estado presente en otros eventos significativos que combinan la música y la danza. En 2012, el alcalde de Mayagüez, Hon. José Guillermo Rodríguez, reconoció su labor como coreógrafo galardonado a nivel nacional, añadiendo a su lista de éxitos el ser medallista de plata a nivel mundial en la Quinta Bienal de Danza y Coreografía en la República Dominicana. En años recientes, ha brillado como director, coreógrafo y bailarín en el MayaWest Dance Project en Mayagüez.
Como miembro oficial del Consejo Internacional de Danza (CID), Rinaldy Soler contribuye al desarrollo y promoción de la danza en todo el mundo, destacando su compromiso y pasión por este arte, reconocido por la UNESCO y por diversas organizaciones nacionales e internacionales. Su trabajo sigue inspirando a nuevas generaciones de bailarines y coreógrafos, consolidándose como una figura clave en el panorama dancístico de Puerto Rico.
Actualmente, Rinaldy Soler es director artístico y coreógrafo de Ballet Capital Oeste, donde ha trabajado en piezas de corte clásico, neoclásico y contemporáneo, demostrando su versatilidad y profundo conocimiento de las diferentes técnicas de danza.
Jay Rivera Marcano
Su apasionado trabajo trasciende lo ordinario, profundiza en el alma de la identidad puertorriqueña. A través de su lente, captura la intrincada danza entre la cultura, la tradición y el legado colonial de la isla, revelando las conexiones arraigadas que definen el paisaje social, geográfico y político de Puerto Rico. Su arte rebasa la mera fotografía; es una exploración vívida de la existencia, la pertenencia y la resistencia dentro de las complejidades de una patria vibrante pero desafiada.
En los últimos cinco años, la obra de Rivera Marcano ha resonado en numerosas exposiciones colectivas, dejando una marca indeleble en el arte. Entre sus diversos logros, su serie Bamboula: Resistencia y Libertad –un poderoso retrato de la resistencia y la liberación– obtuvo mención honorífica en el prestigioso PX3 - Prix de la Photographie Paris (2024). En Puerto Rico, sus retratos no son solo imágenes, sino historias afincadas férreamente en la tierra y su gente. Su obra se conserva en colecciones privadas tanto a nivel local como internacional. Ha sido invitado a participar en la XV Florence Biennale en Italia, la cual se llevará a cabo en octubre de 2025.
Carlos Vázquez Cruz
Obtuvo el doctorado en Lenguas Romances con una certificación graduada en humanidades digitales de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, la maestría en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York y el bachillerato en Educación Secundaria en Español del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.
Entre sus publicaciones se hallan el libro híbrido, Inimaginado (poesía, cuento, ensayo, 2003), los poemarios Sencilla mente (2010), Ares (2014) y Silente (2022), las colecciones de cuento 8% of desk-cuentos/Asado a las doce (2006/2011) y Malacostumbrismo (2012), las novelas Dos centímetros de mar (2008) y Las siete Partidas (2022) y el volumen de artículos La mirilla y la muralla: el estado crítico (2009). 8% de desk-cuentos, Dos centímetros de mar, Malacostumbrismo, Silente y Las siete Partidas fueron reconocidos por el PEN de Puerto Rico entre los mejores libros publicados en su respectivo año. Silente y Las siete Partidas recibieron medalla de bronce (poesía) y mención de honor (Mejor libro de temática LGBTQ), respectivamente, durante los 25tos International Latino Book Awards (2023).
Vázquez Cruz recibió la Beca del Banco Santander para la Escritura Creativa en Español (NYU, 2008-2010), el Premio Nuevas Voces (Festival de la Palabra de Puerto Rico, 2014), y la subvención Letras Boricuas (fundaciones Flamboyán y Andrew W. Mellon, 2022).
Actualmente, funge como catedrático auxiliar en el Departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas de Kalamazoo College, en Michigan.
Agradezco infinitamente la confianza, afecto y privilegiada complicidad de Amanda Colón Dávila y Aurelio Lima Dávila, hijos de la poeta, al autorizarme a realizar este proyecto en honor y honra de la memoria de Ánjelamaría.
3 de diciembre de 2024
Referencias
Acevedo, Rafael. “Los 80 años de Anjelamaría Dávila Malavé”. Claridad. 21 de febrero de 2024. Consultado el 29 nov 24. En: https:// claridadpuertorico.com/los-80-anos-de-anjelamaria-davila-malave/
Díaz Quiñones, Arcadio. “Angelamaría Dávila: canción sin palabras”. Cupey, 84 (2007): 9-11.
López Ortiz, Miguel. “Anjelamaría Dávila”. Fundación Nacional para la Cultura Popular. (n.d.). Consultado el 29 nov 24. En: https://prpop.org/ biografias/anjelamaria-davila/
Padua, Reinaldo Marcos. “Datos biográficos: Anjelamaría Dávila”. (n.d.). Consultado el 29 nov 24. En: https://www.geocities.ws/lospoetas60/ anjelamaria/datosbiog.htm